sábado, 22 de agosto de 2020

San Tarsicio

San Tarsicio, Niño Mártir, Santo de la Iglesia Católica, que vivió amediados del siglo III, poco más de 100 años antes de que se definiera el Canon Bíblico tal como lo conocemos. Prueba clara de que la única iglesia cristiana que existía durante los primeros siglos después de Cristo era la Iglesia Católica.

La emocionante historia del niño que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía.

Es bien sabido que los primeros cristianos daban su vida por negarse a renegar de su fe. ¡Y esa valiente convicción también la tenían los niños! En efecto, hubieron niños que también fueron martirizados a causa de su fe. Este es el caso del pequeño San Tarcisio, un niño de unos 11 años que dio su vida para evitar que profanaran la Eucaristía.

San Tarcisio, conocido como "el mártir de la Eucaristía", fue un niño cristiano que vivió en Roma a finales del siglo III, nació entre los años 253-255 en Tarso, mismo lugar donde nació San Pablo, en un contexto muy complicado para los creyentes, y murió martirizado entre los años 265-267, defendiendo con su vida la Eucaristía.

En aquel entonces el emperador Valeriano se convenció de que los cristianos eran enemigos del imperio e impuso leyes para hacerles la vida imposible.

“Los obispos, presbíteros y diáconos deben ser inmediatamente ejecutados; los senadores, nobles y caballeros, perdida su dignidad, deben ser privados de sus bienes, y si aun así continúan siendo cristianos, sufran la pena capital. Las matronas, despojadas de sus bienes, sean desterradas. Los libertos del césar que antes o ahora hayan profesado la fe, confiscados sus bienes, y con el registro [marca de metal] al cuello, sean enviados a servir a los dominios estatales.”

Caesar Publius Licinius Valerianus Augustus.

Esta ley provocó que el propio Papa Esteban I fuera capturado y martirizado delante de muchos testigos. El pequeño Tarcisio estuvo presente aquel trágico día y la imagen quedó fuertemente guardada en su alma. Desde entonces anheló algún día dar su vida por su fe al punto de decir “ojalá fuera hoy mismo”.

Algún tiempo después San Sixto II, sucesor de Esteban I, se encontraba celebrando la Santa Misa en las Catacumbas y vino a su corazón un profundo amor por los cristianos encarcelados quienes no podían ser fortalecidos espiritualmente por encontrarse privados de la Santa Eucaristía. Por eso preguntó si entre los asistentes se encontraba algún valiente que se atreviera a llevarles el Cuerpo de Cristo. Muchas manos se levantaron, la de los ancianos, algunos jóvenes fornidos ¡y hasta los niños! Todos estaban dispuestos a morir llevando la Eucaristía a sus hermanos.

Entre la multitud también se levantó la mano del pequeño Tarsicio. Esto conmovió al Papa San Sixto II.

– ¿Tú también, hijo mío?, preguntó el Papa.

– ¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años.

Ante tanta convicción, el papa guardó las Sagradas formas en un relicario y se las entregó a Tarsicio y este salió rápidamente a cumplir su misión sabiendo que estaba arriesgando su vida.

En el camino es interceptado por otros niños que no creían en Jesús.

– Hola, Tarsicio, juega con nosotros. Necesitamos un compañero.

– No, no puedo. Otra vez será, dijo mientras apretaba sus manos con fervor sobre su pecho.

– A ver, a ver. ¿Qué llevas ahí escondido? Debe ser eso que los cristianos llaman “Los Misterios”.

Es entonces que se produjo un forcejeo. Derribaron al pequeño Tarsicio y ponían sus piernas sobre su pecho para hacer palanca e intentar quitarle lo que llevaba. Otros niños le tiraban pedradas, pero Dios obró un milagro para que sus brazos quedaran herméticamente cerrados y jamás pudieran abrirse.

Después de algunos momentos, pasó por allí un soldado converso al cristianismo llamado Cuadrado, el cual conocía a Tarsicio. Al ver la escena corrió en su ayuda y los demás niños huyeron. El soldado tomó al niño y lo llevó en sus hombros hasta la Catacumbas de San Calixto en la Vía Appia, pero al llegar el pequeño ya había muerto.

Al respecto, años más tarde el Papa San Dámaso, el mismo que en el año 382 se encargó de definir el Canon Bíblico que conocemos, escribió “queriendo a San Tarcisio almas brutales de Cristo el sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los Misterios celestiales”.

Sobre su tumba el Papa San Dámaso escribió este hermoso epitafio: "Lector que lees estas líneas: te conviene recordar que el mérito de Tarcisio es muy parecido al del diácono San Esteban, a ellos dos quiere honrar este epitafio. San Esteban fue muerto bajo una tempestad de pedradas por los enemigos de Cristo, a los cuales exhortaba a volverse mejores. Tarcisio, mientras lleva el sacramento de Cristo fue sorprendido por unos impíos que trataron de arrebatarle su tesoro para profanarlo. Prefirió morir y ser martirizado, antes que entregar a los perros rabiosos la Eucaristía que contiene la Carne Divina de Cristo".

El libro oficial de las Vidas de Santos de la Iglesia, llamado "Martirologio Romano" cuenta así la vida de este santo: "En Roma, en la Vía Apia fue martirizado Tarcisio, acólito. Los paganos lo encontraron cuando transportaba el Sacramento del Cuerpo de Cristo y le preguntaron qué llevaba. Tarcisio quería cumplir aquello que dijo Jesús: "No arrojen las perlas a los cerdos", y se negó a responder. Los paganos lo apalearon y apedrearon hasta que exhaló el último suspiro pero no pudieron quitarle el Sacramento de Cristo. Los cristianos recogieron el cuerpo de Tarcisio y le dieron honrosa sepultura en el Cementerio de Calixto".

Actualmente se celebra la fiesta de San Tarcisio el 16 de agosto y es el Patrón de los Monaguillos y de los Niños de Adoración Nocturna.

Virgen del Rayo

Nuestra Señora del Rosario del Rayo o popularmente conocida como Virgen del Rayo o Nuestra señora del Rayo es una advocación mariana originaria de Guadalajara, Jalisco y que se ha extendido a otras regiones de México.

De acuerdo a la tradición, un rayo cayó sobre una imagen de la Virgen del Rosario en el convento dominico femenil de Jesús María de Guadalajara la madrugada del 13 de agosto de 1807. Las hermanas dominicas descubrieron la imagen destrozada en la portería del convento, donde se había ubicado temporalmente. La imagen de la virgen quedó quemada pero el Niño que cargaba no sufrió ningún daño y las monjas tampoco sufrieron daño. Agradecidas por este hecho, considerando que les había salvado la vida, las monjas celebraron con alabanzas y misas y devolviendo la imagen a su lugar adentro de la iglesia.

El 18 de agosto, una religiosa se encontraba en grave estado de salud, por lo que se trasladó la imagen quemada a su dormitorio mientras se perfilaba una nueva tormenta anunciada por las nubes. De pronto, de acuerdo al testimonio de las monjas, la imagen comenzó a iluminarse y al entonar todas las religiosas la oración del Magníficat, un relámpago iluminó la estancia por varios minutos y un color rosado apareció en el rostro de la virgen restaurándose milagrosamente, siendo también testigos del hecho el canónigo de la iglesia y el canónigo José María Gómez obispo electo de Michoacán quien murió sin ser consagrado. Todos ellos dejaron testimonio de este hecho milagroso, pero lamentablemente, estos documentos se perdieron durante la Guerra de Reforma.

A partir de este suceso se empezó a dar cuIto y veneración pública a la imagen de la Virgen del Rayo, colocada en una capilla interior del convento. De esta capilla era llevada anualmente al templo para la función del 10 de agosto, sacándola en procesión por la puerta del convento inmediata a la torre, hasta el altar mayor, donde se recordaba su renovación prodi­giosa y se exaltaba su protección sobre la ciudad en las tormen­tas y tempestades.

En tiempos de la exclaustración de las monjas, por los años de 1861 a 1867, la imagen estuvo guardada en casa de un médico de apellido Castillo, pero ya en tiempos de la Re­pública, hacia 1868, cuando las dominicas volvieron a su con­vento y se decoró la iglesia de Jesús María, se construyó un altar propio para la Virgen del Rayo, frente a la puerta del templo más cercana al presbiterio

Permaneció la santa efigie en este lugar hasta el año de 1907, año en que el Ilmo. Sr. José de Jesús Ortiz, tomó ante­cedentes e investigaciones rigurosas sobre la tradición que se guardaba de aquella imagen, nombrando al Canónigo don Luis Silva para que organizara unos festejos muy solemnes en honor de la Virgen del Rayo, la coronó canónicamente, por decreto episcopal, el 12 de agosto de 1907.

Con esta misma fecha y en prueba de la devoción de aquel Ilmo. prelado, la Virgen del Rayo fue reconocida como titular del templo “y por lo mismo llevada al altar mayor donde están ahora las imágenes de Jesús, María y José, las que serán puestas en el altar que ahora ocupa Nuestra Señora del Rayo”.


San Juan Eudes

San Juan Eudes, sacerdote misionero francés, fundador de la Congregación de Jesús y María y de la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, también autor de la adoración litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús y María. Juan es un nombre masculino de origen hebreo, cuyo significado es "el fiel a Dios".

Este santo compuso una frase que se ha hecho famosa entre los creyentes. Dice así: "Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias".

Nació en un pueblecito de Francia, llamado Ri (en Normandía) en el año 1601. Sus padres no tenían hijos e hicieron una peregrinación a un santuario de Nuestra Señora y Dios les concedió este hijo, y después de él otros cinco.

Ya desde pequeño demostraba gran piedad, y un día cuando un compañero de la escuela lo golpeó en una mejilla, él para cumplir el consejo del evangelio, le presentó la otra mejilla.

Estudio en un famoso seminario de París, llamado El Oratorio, dirigido por un gran personaje de su tiempo, el cardenal Berulle, que lo estimaba muchísimo.

Al descubrir en Juan Eudes una impresionante capacidad para predicar misiones populares, el Cardenal Berulle lo dedicó apenas ordenado sacerdote, a predicar por los pueblos y ciudades. Predicó 111 misiones, con notabilísimo éxito. Un escritor muy popular de su tiempo, Monseñor Camus, afirmaba: "Yo he oído a los mejores predicadores de Italia y Francia y puedo asegurar que ninguno de ellos conmueve tanto a las multitudes, como este buen padre Juan Eudes".

Las gentes decían de él: "En la predicación es un león, y en la confesión un cordero".

San Juan Eudes se dio cuenta de que para poder enfervorizar al pueblo y llevarlo a la santidad era necesario proveerlo de muy buenos y santos sacerdotes y que para formarlos se necesitaban seminarios donde los jóvenes recibieran muy esmerada preparación. Por eso se propuso fundar seminarios en los cuales los futuros sacerdotes fueran esmeradamente preparados para su sagrado ministerio. En Francia, su patria, fundó cinco seminarios que contribuyeron enormemente al resurgimiento religioso de la nación.

Con los mejores sacerdotes que lo acompañaban en su apostolado fundó la Congregación de Jesús y María, o padres Eudistas, comunidad religiosa que ha hecho inmenso bien en el mundo y se dedica a dirigir seminarios y a la predicación.

En sus misiones lograba el padre que muchas mujeres se arrepintieran de su vida de pecado, pero desafortunadamente las ocasiones las volvían a llevar otra vez al mal. Una vez una sencilla mujer, Magdalena Lamy, que había dado albergue a varias de esas convertidas, le dijo al santo al final de una misión: "Usted se vuelve ahora a su vida de oración, y estas pobres mujeres se volverán a su vida de pecado; es necesario que les consiga casas donde se puedan refugiar y librarse de quienes quieren destrozar su virtud". El santo aceptó este consejo y fundó la Comunidad de las Hermanas de Nuestra Señora del Refugio para encargarse de las jóvenes en peligro. De esta asociación saldrá mucho después la Comunidad de religiosas del Buen Pastor que tienen ahora en el mundo 585 casas con 7,700 religiosas, dedicadas a atender a las jóvenes en peligro y rehabilitar a las que ya han caído.

Este santo propagó por todo su país dos nuevas devociones que llegaron a ser sumamente populares: La devoción al Corazón de Jesús y la devoción al Corazón de María. Y escribió un hermoso libro titulado: "El Admirable Corazón de la Madre de Dios", para explicar el amor que María ha tenido por Dios y por nosotros. Él compuso también un oficio litúrgico en honor del corazón de María, y en sus congregaciones celebraba cada año la fiesta del Inmaculado Corazón.

Otro de sus Libros se titula: "La devoción al Corazón de Jesús". Por eso el Papa San Pío X llamaba a San Juan Eudes: "El apóstol de la devoción a los Sagrados Corazones".

Redactó también dos libros que han hecho mucho bien a los sacerdotes: "El buen Confesor", y "El predicador apostólico".

Murió el 19 de agosto de 1680. Su gran deseo era que de su vida y de su comportamiento se pudiera repetir siempre lo que decía Jesús: "Mi Padre celestial me ama, porque yo hago siempre lo que a Él le agrada".


Santa Juana Chantal

Santa Juana Francisca Fremiot baronesa de Chantal, conocida también como Santa Juana Chantal. Fundadora con San Francisco de Sales, la comunidad de las Hermanas de la Visitación el 12 de Agosto del año 1641.

Nació en Dijon, Francia, en 1572. Era hija del Presidente del Parlamento de esa región, el Sr. Fremiot, hombre muy distinguido y apreciado. Su santa madre murió cuando la niñá tenía apenas 18 meses, y toda la educación de la futura santa en sus primeros años corrió por cuenta de su padre, el cual supo encaminarla hacia la consecución de una gran personalidad.

En 1581, Cuándo Santa Juana de Chantal aproximadamente unos 8 o 9 años iba de camino a su casa cuando un protestante se le presento y le dijo que no era posible que Dios convirtiera una

hostia en el cuerpo de Cristo. La jovencita le preguntó: "¿Sabe Usted el Credo?" y él contestó: "¡Claro que sí!", a lo que la joven le pidió que lo recitara y el protestante empezó a decir: "Creo en Dios Padre Todopoderoso..."; En ese momento Juana lo interrumpió exclamando: "¡Uy, no diga Ud. eso de que Dios es Todopoderoso! ¿Por qué? Porque si Dios no puede hacer que una hostia se convierta en el cuerpo de Jesucristo, ya Dios no es Todopoderoso!". El protestante no fue capaz de responder y se marchó.

A los 20 años la casan con el barón de Chantal, hombre al que amó profundamente y fue correspondida. Con él tuvo 6 hijos. A los 8 años de casada muere el marido en un accidente de caza y ella tiene que soportar la soledad y la convivencia con su suegro que no es fácil, por espacio de 7 años.

Más tarde conoce al obispo de Ginebra (hoy San Francisco de Sales) que es su director espiritual.

El resto de la vida de la santa fue pasada bajo la protección del claustro en la práctica de las más admirables virtudes. Si una gentil bondad, vivificada y fortalecida por un completo espíritu de renunciación, predomina en San Francisco de Sales, es la firmeza y el gran vigor el que prevalece en Santa Juana Francisca; no le gustaba ver a sus hermanas dando paso a la debilidad humana.

Sus pruebas eran continuas y sobrellevadas bravamente, aunque ella era extremadamente sensitiva. Celse Bénigne era un duelista incorregible. Ella oro tan fervientemente que le fue dada la gracia de morir una muerte Cristiana en el campo de batalla, durante la campaña contra la Isla de Ré .

Dejó una hija que se convirtió en la famosa Marquesa de Sévigné. A los problemas familiares Dios le agregó cruces interiores que, particularmente durante los últimos nueve años de su vida, la mantuvieron en agonía del alma de la que no fue liberada hasta tres meses antes de su muerte el 13 de diciembre de 1641 de pulmonía en el convento de Moulins, Borgoña.

Su cuerpo es venerado con el de San Francisco de Sales en la iglesia de la Visitación en Annecy. Fue beatificada en 1751, canonizada en 1767 y el 21 de agosto fue establecido como el día de su festividad.



María, Reina del Cielo

María es Reina por ser Madre de Jesús, Rey del Universo. El pueblo cristiano siempre ha reconocido a María Reina por ser madre del Rey de reyes y Señor de Señores. Su poder y sus atributos los recibe del Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. Es Él quien la constituye Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y aún de los ángeles.

María ha sido elevada sobre la gloria de todos los Santos y coronada de estrellas por su Divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.

María fue elegida para ser Madre de Dios y ella, sin dudar un momento, aceptó con alegría. Por esta razón, alcanza tales alturas de gloria. Nadie se le puede comparar ni en virtud ni en méritos. A Ella le pertenece la corona del Cielo y de la Tierra.

María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.

La Iglesia la proclama Señora y Reina de los ángeles y de los santos, de los patriarcas y de los profetas, de los apóstoles y de los mártires, de los confesores y de las vírgenes. Es Reina del Cielo y de la Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.

La realeza de María no es un dogma de fe, pero es una verdad del cristianismo. Esta fiesta se celebra, no para introducir novedad alguna, sino para que brille a los ojos del mundo una verdad capaz de traer remedio a sus males.

En 1954 el Papa Pío XII, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor, Roma. En esta ocasión el Papa también promulgó el documento principal del Magisterio acerca de la dignidad y realeza de Maria, la Encíclica Ad coeli Reginam (Oct 11, 1954).

Juan Pablo II, el 23 de julio del 1997, habló sobre la Virgen como Reina del universo. Recordó que "a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen 'Madre de Dios', se comienza a atribuir a María el título de Reina. El pueblo cristiano, con este ulterior reconocimiento de su dignidad excelsa, quiere situarla por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero".

El Santo Padre explicó que "el título de Reina no sustituye al de Madre: su realeza sigue siendo un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le ha sido conferido para llevar a cabo esta misión. (...) Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia".

"La Asunción favorece la plena comunión de María no sólo con Cristo, sino con cada uno de nosotros. Ella está junto a nosotros porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro cotidiano itinerario terreno. (...). Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida".


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viernes, 21 de agosto de 2020

Ama a tu prójimo como a ti mismo

En Evangelio de hoy (San Mateo 22,34-40), aparece esta hermosa frase dicha por Jesucristo "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", y viene a mi memoria una homilía de hace ya unas semanas, la cual yo no presencié, pero me la platicó una persona que sí la escuchó cuando lo contó el sacerdote.

El sacerdote contó que en una ocasión le tocó ver a un grupo de niños jugando, corriendo, posiblemente en algún parque o lote extenso, y le llamó la atención una niña tal vez de unos 8-9 años que corría junto con los demás cargando a otro niño de unos 6-7 años (tal vez no podía caminar, eso no lo especificó) y no lo soltaba a pesar del tamaño de aquel niño, aunque él era más chico que ella, la diferencia tampoco era muy grande. En eso sucede que la niña, cargando al niño, pasa enfrente del sacerdote y él la detiene para repreguntare como es que lo lleva cargando y corriendo, y a pesar de no ser fácil para ella, no lo suelta, y ella le responde "porque él es mi hermano y lo amo". Ella siguió jugando, con el niño, sin soltarlo, y el sacerdote quedó conmovido por aquellas palabras, que claramente recuerdan el mandamiento de Jesucristo "AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO".

Así debe de ser el amor entre los hermanos, entre los cristianos, inseparable.

Ezequiel 37,1-14.

Salmo 107(106),2-3.4-5.6-7.8-9.

San Mateo 22,34-40


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lunes, 6 de julio de 2020

Música protestante en la Santa Iglesia Católica

¿Es bueno que un católico escuche música protestante?
¿Es correcto que un coro de una parroquia use música protestante en la Santa Misa?

La respuesta es tan simple y clara como estas preguntas: No.

Pero ¿por qué? ¿acaso es mala la música protestante? ¿es pecado escucharla? ¿lo prohíbe la Iglesia?

Inmediatamente surgen este tipo de cuestionamientos, al igual que otras afirmaciones como

Se trata de ecumenismo. Hay que ser tolerantes. No hay que ser tan cerrados.

Antes que nada, primero debemos recordar que estando dentro de la Santa Iglesia debemos ser obedientes en lo que nuestra Iglesia nos sugiere en cuanto al tema de la música.


Iniciaré por citar nuestro Catecismo de la Iglesia Católica, en sus numerales 1156-1158 dice lo siguiente:

1156 "La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne" (SC 112). La composición y el canto de salmos inspirados, con frecuencia acompañados de instrumentos musicales, estaban ya estrechamente ligados a las celebraciones litúrgicas de la Antigua Alianza. La Iglesia continúa y desarrolla esta tradición: "Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor" (Ef 5,19; cf Col 3,16-17). "El que canta ora dos veces" (San Agustín, Enarratio in Psalmum 72,1).

1157 El canto y la música cumplen su función de signos de una manera tanto más significativa cuanto "más estrechamente estén vinculadas a la acción litúrgica" (SC 112), según tres criterios principales: la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos previstos y el carácter solemne de la celebración. Participan así de la finalidad de las palabras y de las acciones litúrgicas: la gloria de Dios y la santificación de los fieles (cf SC 112):

«¡Cuánto lloré al oír vuestros himnos y cánticos, fuertemente conmovido por las voces de vuestra Iglesia, que suavemente cantaba! Entraban aquellas voces en mis oídos, y vuestra verdad se derretía en mi corazón, y con esto se inflamaba el afecto de piedad, y corrían las lágrimas, y me iba bien con ellas (San Agustín, Confessiones 9, 6, 14).

1158 La armonía de los signos (canto, música, palabras y acciones) es tanto más expresiva y fecunda cuanto más se expresa en la riqueza cultural propia del pueblo de Dios que celebra (cf SC 119). Por eso "foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas", conforme a las normas de la Iglesia "resuenen las voces de los fieles" (SC 118). Pero "los textos destinados al canto sagrado deben estar de acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomase principalmente de la Sagrada Escritura y de las fuentes litúrgicas" (SC 121).

Es importante lo que dice el catecismo al final del número 1158: "los textos destinados al canto sagrado deben estar de acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomarse principalmente de la Sagrada Escritura y de las fuentes litúrgicas"


La música protestante podrá ser hermosa y llena de sentimiento, pero no es adecuada para formar parte de la Santa Misa, no porque un canto sea hermoso y hable de Jesucristo quiere decir que sea apta para nuestra celebración, porque no está de acuerdo a nuestra doctrina. Nunca, un canto protestante, estará acorde con la doctrina de la Iglesia, podrá haber casos donde se acerque, o aparentemente no haya algo malo en el contenido, pero no estará acorde porque pertenece a otra Iglesia, a otra doctrina.

Y no se trata de juzgar o condenar a los autores protestantes, sino de obediencia, y también en parte el sentido común, si un canto pertenece a otra iglesia es de esperar que lo que diga en sus letras sea doctrina de aquella iglesia y no de la nuestra, así como un canto católico tampoco está acorde a la doctrina de otra congregación, por ejemplo, con los Testigos de Jehová.

La música, en sí misma, es un medio por el cual se puede transmitir un mensaje deseado, por ejemplo, un artista que ha sufrido una pérdida, al escribir, reflejará este sentimiento y quien escucha recibirá este mensaje musical, tal vez, inconscientemente, se sentirá triste, sin otro motivo más que haber escuchado aquella canción. En un colegio se utilizan canciones infantiles para reforzar aprendizajes de los niños, ya sea con los números o con las letras, o el tema que se quiera tratar, y los niños aprenden por este medio. De igual manera, la música tiene esa capacidad para transmitir la doctrina, pero depende de quién haga la música el tipo de mensaje que lleva contenido, un canto católico llevará un mensaje de doctrina católica, un canto protestante llevará un mensaje protestante.


Tanto la música católica como protestante tienen ese propósito de transmitir la doctrina de su iglesia, y de llevar a los fieles a un encuentro con Jesucristo, de adorarlo, de alabarlo, sentir su presencia por medio de la voz y de las notas musicales. Pero, la música católica tiene un propósito muy claro que no tiene la música protestante, y que hace la enorme y más importante diferencia, conectarnos a nosotros, el pueblo, con la Santa Eucaristía, el cuerpo de Cristo, el Santísimo Sacramento.

Así, pues, la música también es un poderoso medio para y llegar a Cristo, en un encuentro muy íntimo, muy personal, que sólo se logra al contemplar y al recibir el Cuerpo de Cristo en la Comunión, o contemplándolo al estar expuesto frente a nosotros. Si queremos, como Ministerio de Música, lograr ese objetivo, contribuir para que ese encuentro entre el creyente y el Señor se dé, es necesario que la música que se utilice tenga ese objetivo, de lo contrario sería como realizar un trabajo con la herramienta equivocada.


¿Qué puede suceder si un grupo católico emplea música protestante durante la Misa o una Hora Santa?

Algunos tristemente responden “no pasa nada”.

Muy lejos de la realidad, porque debemos recordar que al estar en el servicio musical en un templo tenemos una gran responsabilidad con los fieles, que no es uno solo, son muchos, algunos de ellos conocedores de la doctrina, mientras que otros son pobremente instruidos. Aquellos que poseen una buena instrucción en la fe no se verían afectados por un simple canto, más allá de que les haga sentir bonito y les dé cierta tranquilidad.

Sin embargo, en el peor de los casos, un hermano poco instruido puede resultar seriamente afectado, ya que al escuchar cantos que no están acordes a la doctrina o que enseñen en sus letras otras cosas, puede generar confusión y dudas, puede suceder que un hermano católico se sienta atraído por la letra o por la voz de determinado cantante protestante, sólo porque se escucha muy bello o por haber sentido algo muy especial, y empezará a buscar más cantos de ese mismo artista, y al escucharlos sin analizar lo que dicen, esa doctrina protestante se irá quedando inconscientemente en su cabeza, al repetir cada estrofa sin saber lo que está repitiendo, poco a poco irá conociendo no sólo la música, sino las costumbres de aquel artista y de la congregación a la que pertenece, por imitación aprenderá algunas conductas que no son permitidas dentro de la iglesia, un claro ejemplo es la imposición de manos sin existir autoridad, que en la Iglesia Católica sí existe y este acto de imposición sólo lo realizan los sacerdotes debidamente ordenados, no así en las sectas protestantes; posteriormente, podrá encontrarse en un problema al notar que lo que esa música le ha enseñado, sin darse cuenta, y lo que el sacerdote le dice no coinciden, o puede notar que lo que, según su propio criterio influenciado por esa música, debería ser correcto en realidad está prohibido y el sacerdote le impide hacerlo, y es donde empiezan los problemas y los desacuerdos. 

Al final, este hermano terminará por abandonar la Iglesia Católica y unirse a aquella congregación donde le hacen sentir bonito y donde lo que la Iglesia prohíbe le está permitido, a veces generando un resentimiento hacia la Iglesia a la cual pertenecía, y todo por haber escuchado en alguna ocasión un canto perteneciente a otra congregación religiosa. Seríamos pues, cómplices de esa situación de pecado que tiene un nombre: Apostasía.

¿Qué tan grave es esto?

Muy grave, debemos entender también lo que dice el Catecismo:

845 El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvación. Ella es el "mundo reconciliado" (San Agustín, serm. 96, 7-9). Es, además, este barco que "pleno dominicae crucis velo Sancti Spiritus flatu in hoc bene navigat mundo" ("con su velamen que es la cruz de Cristo, empujado por el Espíritu Santo, navega bien en este mundo") (San Ambrosio, virg. 18, 188); según otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está prefigurada por el Arca de Noé que es la única que salva del diluvio (cf 1 P 3, 20-21).

"Fuera de la Iglesia no hay salvación"

846 ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo:
El santo Sínodo... basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella (LG 14).

Aquí la importancia de utilizar únicamente música católica durante nuestras celebraciones, y prescindir de la música protestante. Primero porque debemos respetar nuestra doctrina, y porque fuera de la Iglesia no hay Salvación, ya que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, Cristo está unido a un solo cuerpo, su Iglesia, y un cuerpo sin cabeza (es decir, otro cuerpo, otra iglesia), es un cuerpo muerto, sin vida, sin salvación. Aquellos que se salen de la Iglesia, que abandonan ese cuerpo unido a la cabeza, que es Cristo, pierden el mayor tesoro que Dios ha puesto por medio de su Hijo, la Salvación.


La música es un instrumento poderoso, pero hay valorarla y saber utilizarla para cumplir con el objetivo de evangelizar, de llevar la Palabra y acercar al pueblo con Dios.

La música no es tampoco una imposición, la Iglesia no impone a los fieles (pero sí lo sugiere, viendo los textos del catecismo) a escuchar o dejar de escuchar determinado tipo de música, cada quien es libre de elegir, y no es mala en sí misma, pues su objetivo es, al igual que la música católica, transmitir el mensaje acorde a la doctrina a la que pertenece (en su caso, doctrina protestante), es música hecha para el pueblo protestante, no para el pueblo católico; pero sí es importante tener cuidado de no promover la música protestante y darle más promoción a la música católica, es una manera de contribuir a la instrucción y el conocimiento de nuestra doctrina, o por lo menos de evitar que los fieles entren en dudas respecto a ésta y lleguen a la confusión entre las doctrinas. 

Pensemos que nuestra música católica es una forma de identificarnos como católicos.


jueves, 9 de abril de 2020

Oración a San Miguel Arcángel (Papa León XIII)


San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Oración compuesta por el Papa León XIII


domingo, 5 de abril de 2020

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Consagración a María

Por medio de nuestros labios, a través de la oración, podemos consagrarnos al Inmaculado Corazón de María, para que, por medio de Ella, podamos llegar a su HIjo Jesucristo y obtener los favores y gracias que necesitamos, pues la oración es el medio poderoso por el cual nuestras súplicas son escuchadas, y más aún cuando contamos con el auxilio de la Madre de nuestro Señor, quien ruega por todo aquel que bajo su amparo se ecomienda. Ella se une a nuestras plegarias, y Él la escucha.


Para hacer la consagración, podemos hacer, con un corazón dispuesto, una de estas oraciones:


¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día y para siempre
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo, ¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.


¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti
y en prueba de mi afecto, con amor filial,
te consagro en este día
todo lo que soy, todo lo que tengo.
Guarda y protege, y también defiende
a este hijo tuyo.
Que así sea. Amén.


¿Por qué consagrarnos al Inmaculado Corazón de María?

Consagrarse a María significa ponernos en sus benditas manos y estar a su servicio y disposición, tomar fuertemente su mano, como un niño toma la mano de su madre, para no perdernos y dejar que ella nos guíe hacia su Hijo y Señor nuestro, Jesús, sin condiciones y sin resistencia, sino con gran confianza y fe, sabiendo que Ella conoce mejor el camino y que podemos dormir tranquilos en sus maternales brazos. 


Significa vivir permanentemente en su Inmaculado Corazón y dejar que Ella actúe por medio de nosotros, es entregarle nuestras manos para realizar toda obra de bien y misericordia, ayudando a los más necesitados; nuestros pies para que guíe cada uno de nuestros pasos en nuestro caminar, para que nuestra dirección sea hacia Jesús y no cambie hacia otro rumbo; nuestra lengua y nuestros labios para que hable por nosotros y aceptemos la voluntad de Dios, así como ella lo hizo; nuestros ojos para que veamos en la dirección correcta, para no quitar la vista de nuestro Señor; nuestros oídos para oír su palabra, y nuestro corazón para amar a nuestros hermanos. En una palabra, es vivir en unión total con María para que podamos llegar a Jesús por medio de ella, pues por medio de ella Jesús vino a nosotros.


Ave María

No hay mejor manera de llegar a Jesús que a través de nuestra Santísima Madre, la Bienaventurada y Siempre Virgen María, dice la Sagrada Escritura en el Evangelio de San Lucas (Lc. 1,48) que todas las generaciones, en todos los tiempos, habrán de felicitarla, considerarla dichosa, bienaventurada, ya que el Santo y Todo Poderoso ha hecho grandes cosas en ella, y es a través de esta hermosa oración, el Ave María, que los verdaderos cristianos de todas las generaciones hemos de cumplir con esta Santa Palabra, que es la Voluntad de Dios.


Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo;
bendita Tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén.


Ave Maria, gratia plena,
Dominus Tecum.
Benedicta Tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris Tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus,
nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.


El Ave María es una tradicional oración cristiana católica dedicada a la Bienaventurada y siempre Virgen María, la Madre de Jesús de Nazaret. Tiene fundamento bíblico principalmente en el Evangelio según san Lucas, del cual se extraen las palabras en el saludo del Ángel (Lc. 1,28) y las pronunciadas por Santa Isabel (Lc. 1,42), que componen la primera parte de la oración, utilizada al rezar el Ángelus y el Santo Rosario. 



Para mayor entendimiento de esta hermosa oración, recomiendo la lectura de estos dos artículos:

sábado, 4 de abril de 2020

Padre Nuestro

La oración perfecta, enseñada desde los labios de Nuestro Señor Jesucristo a sus discípulos y para todos los Cristianos, que formamos parte de su Santa Iglesia. 
 

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.


Pater noster, qui es in caelis:
sanctificetur Nomen Tuum;
adveniat Regnum Tuum;
fiat voluntas Tua, sicut in caelo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a Malo. Amén.


Padre Nuestro en la Biblia

Esta oración es considerada como la oración cristiana común por excelencia, la oración perfectam enseñana por el mismo Jesucristo a sus apóstoles, cuyo texto aparece en los Evangelios de San Mateo (Mt. 6,9-15) y San Lucas (Lc. 11,1-4).


El fondo de ambos relatos sobre este pasaje bíblico plasmado en los dos Evangelios es el mismo: Jesús enseña a su gente cuál es la forma correcta de dirigirse a Dios. Sin embargo, existen algunas diferencias entre los relatos escritos de ambos evangelios, posiblemente debido a la transmisión oral de la tradición:
  • En el Evangelio de San Lucas se narra que uno de los discípulos le pidió a Cristo que les enseñara a orar después de que Jesús mismo terminó de orar en solitario, mientras que en el Evangelio de San Mateo no aparece la petición del discípulo, sino que el propio Jesús tuvo la iniciativa de enseñarles a orar con el Padre Nuestro. Mateo la desarrolla de manera más extensa y profunda.
  • El relato de Mateo sobre el Padre Nuestro resulta más apasionado, puesto que en él Jesús está sobre una montaña rodeado de una muchedumbre ansiosa por escuchar sus palabras; en el relato de Lucas, en cambio, un Jesús más espiritual, orando en solitario, causa la admiración de un discípulo, quien espera pacientemente a que termine su oración para pedirle que le enseñe a orar.
  • La invocación en San Lucas se inicia llamando a Dios solamente como Padre y en San Mateo la invocación inicia con Padre Nuestro que estás en el Cielo.
  • En San Lucas no aparece la petición Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
  • En San Lucas no se menciona la petición líbranos del mal.

viernes, 3 de abril de 2020

Bendice nuestro hogar Divino Niño

Bendice nuestro hogar Divino Niño Jesús. Bendice y protege las casas donde está expuesta y es honrada tu Sagrada Imagen: Te elegimos hoy y para siempre por Señor y Dueño de esta casa, y te pedimos que te dignes demostrar en ella tu poderoso auxilio, preservándola de las enfermedades, del fuego, del rayo, de las inundaciones, de los terremotos, de los ladrones, de las discordias y de los peligros de la guerra.


Bendice y protege a las personas que aquí habitan, y concédeles la paz, una gran fe, verdadero amor a Dios y al prójimo, paciencia en las penas, esperanza en la Vida Eterna, facilidades de trabajo, empleo y estudio, y la gracia de evitar los malos ejemplos, el vicio, el pecado, la condenación eterna y todas las demás desgracias y accidentes.

Divino Niño Jesús, BENDICE NUESTRO HOGAR. Amén.